¿El mejor “storytelling” de ACOLAP? ¡La seguridad!

Las mejores historias no se cuentan. Se viven. Y una vez vividas ya se pueden contar. Lejos de la propaganda embustera, o de las promesas de crecepelos baratos, hay un tipo de comunicación tan benéfica para quien la emite como para quien la recibe: le decimos “relato” o “narración”. Y equivale a lo que las escuelas de negocio definen como “storytelling”.

Los relatos sirven para cuatro cosas. Les menciono tres ahora y me guardo la cuarta para luego. En primer lugar, sirven para entretener (como en las películas). En segundo, para educar (como en los cuentos y moralejas) y, en tercero, para persuadir. Y me centro en esta por ahora.

Cuando los relatos los cuentan las empresas, los llamamos “storytelling corporativo” o “storytelling aplicado a los negocios”. Es este un fenómeno cada vez más estudiado en universidades de todo el mundo. Han descubierto que los relatos influyen en el modo de liderar, en el de generar simpatías y alianzas, en el de causar buenos recuerdos a los clientes y usuarios y en el de diferenciar una oferta de otra. Dicen, y esto es lo que más me llama la atención, que con un buen relato es más fácil vender cualquier cosa.

El “storytelling”, pues, se puede aplicar al mercadeo. Claro que sí: ustedes creen un relato que ilusione a sus clientes y verán cómo disfrutan más de la experiencia y, encima, están dispuestos a pagar más por el servicio.

Todo eso está muy bien y hay que brindar por el “storytelling”. Pero, oigan, cuando las circunstancias son las que son, con tanto virus, miedo e incertidumbre alrededor, ¿qué “storytelling” (o relato) nos sirve para vender más?

ACOLAP tiene una lucha ganada

Mi respuesta es que a duras penas lo vamos a lograr de manera urgente. Ni con un relato, ni con dos, ni con mil.

No nos engañemos: ahora es difícil vender nada, a menos que se trate de alimentos o medicinas y que se haga a través de internet o en entornos sin interacción con otras personas. Es justo lo contrario a lo que, tradicionalmente, ofrecieron los parques de atracciones, donde todo es diversión, contacto con otras gentes, sensación de libertad y despreocupación. Así que no busquen en el “storytelling” un método que les garantice ventas de manera instantánea.

Pero ¿saben qué?, los parques de atracciones de todo el mundo, y los de ACOLAP en particular, tienen una lucha ganada. Tienen algo que pocos otros sectores económicos (aparte de las aerolíneas y la sanidad) tienen mejor que ustedes: el relato de la seguridad.

Conozco a ACOLAP desde 2017. Lo primero que supe de ustedes es su gran preocupación por entregar y comunicar la mayor seguridad en sus instalaciones, sus servicios y sus profesionales. Su relato era, y siempre ha sido, el de la máxima seguridad posible, y ustedes lo han contado mediante todo tipo de ejemplos: desde las garantías técnicas, hasta las legislaciones y reglamentos, pasando por anécdotas y vivencias de todos sus empleados y usuarios.

Antes les dije que el “storytelling” tenía un cuarto uso. Ese es el de sanar. Los relatos curan. Alivian. Íntimamente, lo saben ustedes mejor que nadie. Prueben a hablar de sus penas con un amigo y verán cómo se desahogan. Y, ¿saben qué? la ciudadanía lleva meses sintiéndose insegura. Necesita, ahora más que nunca, un relato que le hable de seguridad y que la cure.

Quizás ACOLAP no logrará que todos los ciudadanos vayan masivamente a sus parques el primer día. Pero sí sé que todos (en Colombia y en cualquier parte del mundo) piden en lo más íntimo que alguien les dé una sensación de seguridad que, muchas veces, ni los gobernantes ni los doctores pueden darles.

ACOLAP como la “Cruz Roja”

Los parques de recreación de Colombia han construido un relato de seguridad muy bien fundado a lo largo de los años. ACOLAP es, hoy día, un sinónimo de “seguridad total”. Algo así como cuando uno ve una cruz roja allá a lo lejos y sabe, automáticamente, que es signo de curación aunque no se sienta enfermo.

El relato de la seguridad, insisto, no les ayudará a vender de hoy para mañana. Pero si lo cuentan una y otra vez ayudarán a sanar a la sociedad y, en no mucho tiempo, las calles y filas de los parques colombianos volverán a llenarse de gentes sonrientes y felices, aunque sea con máscaras y tapabocas.

Compartan su relato de la seguridad a través de anécdotas, de demostraciones, de fotografías, de vídeos y de testimoniales. Incluso de ustedes mismos y de sus familiares, también de sus empleados… Cuéntenlo de manera simple y que entienda hasta la persona menos cultivada.

Ustedes van a querer que, al ver un parque de recreación, los colombianos sientan lo mismo que sienten al ver una cruz roja a lo lejos. Van a querer que ACOLAP se convierta en la “Cruz Roja de la seguridad” para la gente.

Las mejores historias no se cuentan. Se viven. Y luego ya se cuentan. Y yo quiero volver a divertirme gracias a ustedes. Señal de que me habré sentido al fin seguro.

 

Mario Sorribas Fierro

www.mariosorribas.com

Consultor especialista en mercadeo y relatos corporativos

Profesor en OBS Business School

 

 


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